¿dónde se encuentra el alma según la filosofía?

¿dónde se encuentra el alma según la filosofía?

Dónde se encuentra el alma en el cerebro

Los filósofos griegos, como Sócrates, Platón y Aristóteles, entendían que el alma (ψυχή psykhḗ) debía tener una facultad lógica, cuyo ejercicio era la más divina de las acciones humanas. En su juicio de defensa, Sócrates llegó a resumir sus enseñanzas como nada más que una exhortación a sus compatriotas atenienses a sobresalir en asuntos de la psique, ya que todos los bienes corporales dependen de dicha excelencia (Apología 30a-b). Aristóteles razonaba que el cuerpo y el alma del hombre eran su materia y su forma respectivamente: el cuerpo es un conjunto de elementos y el alma es la esencia. Tomás de Aquino trasladó este punto de vista al cristianismo.

En el judaísmo y en algunas denominaciones cristianas, (excepto los ángeles) sólo los seres humanos tienen almas inmortales (aunque la inmortalidad se discute dentro del judaísmo y el concepto de inmortalidad puede haber sido influenciado por Platón)[3] Por ejemplo, Tomás de Aquino, tomando prestado directamente de Sobre el alma de Aristóteles, atribuyó «alma» (anima) a todos los organismos, pero argumentó que sólo las almas humanas son inmortales. [4] Otras religiones (sobre todo el hinduismo y el jainismo) creen que todos los seres vivos, desde la bacteria más pequeña hasta el mayor de los mamíferos, son las propias almas (Atman, jiva) y tienen su representante físico (el cuerpo) en el mundo. El ser real es el alma, mientras que el cuerpo es sólo un mecanismo para experimentar el karma de esa vida. Así, si uno ve un tigre, entonces hay una identidad autoconsciente que reside en él (el alma), y un representante físico (el cuerpo completo del tigre, que es observable) en el mundo. Algunos enseñan que incluso las entidades no biológicas (como los ríos y las montañas) poseen alma. Esta creencia se denomina animismo[5].

Dónde se encuentra el alma según la biblia

La búsqueda de una hipotética alma y su ubicación han sido objeto de muchas especulaciones a lo largo de la historia. En la medicina y la anatomía primitivas, se planteaba la hipótesis de que el alma se encontraba dentro del cuerpo. Aristóteles y Platón entendían el alma como una forma corpórea pero estrechamente relacionada con el mundo físico. El Corpus Hipocrático recoge la evolución del pensamiento de que el alma se encuentra dentro del cuerpo y se manifiesta en las condiciones de enfermedad. Más tarde, Galeno utilizó explícitamente la descripción del alma corpórea de Platón para ubicarla en el cuerpo. La lógica (λογιστικός) en el cerebro, la espirituosa (θυμοειδές) en el corazón, y la apetitiva (ἐπιθυμητικόν) en el hígado. Da Vinci tenía un enfoque similar al de Galeno, localizando el alma, o ssenso comune, así como la imprensiva (intelecto) y la memoria (recuerdo) en diferentes ventrículos del cerebro[1] Hoy en día los neurocientíficos y otros campos de la ciencia que se ocupan del cuerpo y la mente, como la psicología, tienden un puente entre lo físico y lo corpóreo.

El alma y la ciencia

1 Es importante señalar que el alma no es simplemente la mente. Aunque los creyentes en el alma pueden equiparar las almas con las mentes, se puede creer en las mentes sin creer en las almas. Por ejemplo, uno puede creer que la actividad mental ocurre dentro de la mente, e incluso pensar en la mente como algo distinto del cerebro, pero también mantener que toda la actividad mental depende de la actividad cerebral. Sin embargo, la creencia en el alma, tal y como se concibe clásicamente, requiere que uno crea que lo que alberga la actividad mental es separable del cerebro, que puede continuar sin el cerebro. A diferencia de la creencia en las almas, la creencia en la existencia de las mentes sigue siendo la norma en la mayoría de los círculos académicos.

2 De hecho, se podría argumentar que la teoría del recuerdo simplemente supone la existencia de las almas; no la establece. En cualquier caso, como señalan los interlocutores de Sócrates en el Fedón (77d-80c, 85D-86D, 91E-92C, 94D-94E), este argumento no demuestra que el alma sea inmortal, sino sólo que preexiste al cuerpo. En el Meno (81b-E, 85B-86B) Sócrates sugiere que, si el alma preexiste al cuerpo, es razonable suponer que también existe después de la muerte. Sócrates presenta otros argumentos a favor de la existencia e inmortalidad del alma, pero también fracasan por razones similares. Véase Alcibíades I, 129B-130C y República 352D-354A.

De qué está hecha el alma

El dualismo de almas, también llamado pluralismo dualista o almas múltiples, es una serie de creencias según las cuales una persona tiene dos o más tipos de almas. En muchos casos, una de las almas está asociada a las funciones corporales («alma corporal») y la otra puede abandonar el cuerpo («alma libre» o «alma errante»)[1][2][3][4][5][6] A veces, la plétora de tipos de alma puede ser aún más compleja[7][8].

La creencia en el dualismo del alma se encuentra en la mayoría de las tradiciones chamánicas austronesias. La palabra protoaustronesa reconstruida para el «alma del cuerpo» es *nawa («aliento», «vida» o «espíritu vital»). Se encuentra en algún lugar de la cavidad abdominal, a menudo en el hígado o el corazón (Proto-Austronesio *qaCay)[9][10] El «alma libre» se encuentra en la cabeza. Sus nombres suelen derivar del protoaustronés *qaNiCu («fantasma», «espíritu [de los muertos]»), que también se aplica a otros espíritus de la naturaleza no humanos. El «alma libre» también recibe nombres que significan literalmente «gemelo» o «doble», del protoaustronés *duSa («dos»)[11][12] Se dice que una persona virtuosa es aquella cuyas almas están en armonía entre sí, mientras que una persona malvada es aquella cuyas almas están en conflicto[13].

Acerca del autor

Josue Llorente

Soy Josue Llorente, tengo 25 años y soy licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid con experiencia en medios tradicionales y digitales. Me apasiona el periodismo en esta nueva era y su evolución en el medio digital.

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